LA RETROACTIVIDAD DE LA LEY MORAL
"El Cáncer de la Posverdad"
9/18/20264 min read


"Una mentira que te haga feliz vale más que una verdad que te amargue la vida."
¡Cómo olvidar parte del coro de una canción de Arjona que escuché por primera vez a finales de los 90!
Pero lo que resulta paradójico es que la frase en sí misma es la negación de la verdad. El hecho de que una mentira circunstancialmente agrade o guste más, no significa que valga más por ello.
Una verdad siempre será verdad aunque nadie esté de acuerdo.
Una mentira siempre será mentira aunque todos la respalden.
¿Pero cómo se puede estar de acuerdo con esto si el concepto de política comienza con la acción de comprendernos como comunidad y convivir en armonía?
Esa es la posverdad. Y espiritualmente, tiene nombre.
El problema de fondo, desde mi humilde punto de vista, sigue siendo espiritual, aunque esto rete a la ciencia. Partiendo del hecho de que Satanás es el príncipe de la mentira y quien gobierna la tierra, puedo afirmar que es prácticamente imposible convivir en este planeta si de alguna manera no se niega la verdad.
Por eso, una persona que se considere cristiana debe pedir perdón a Dios todos los días. Debe implorar por fortaleza a Jehová. Y debe reconocer que la única manera en que podemos ser salvos es por su gracia y misericordia. Ya que no hay un solo justo entre nosotros, tal y como especifica claramente el versículo 10 del capítulo 3 del libro de Romanos en la Biblia.
Y esa guerra espiritual se ve en la tierra todos los días.
Uno de los pensadores que más admiro, y a quien no he tenido la oportunidad de conocer en persona pero sí de conversar en varias ocasiones a través de las redes sociales, es Noel De la Rosa. Él explica en su libro brillante y disruptivo: "La Mentira como Estrategia Psicosocial", que ésta se constituye como un mecanismo de adaptación indispensable para poder vivir en armonía social.
Y créeme que como hijo de Dios, a mí me duele tener que estar de acuerdo con esto. Estoy totalmente convencido de que el autor siente lo mismo.
Pero no se trata de nuestras emociones o sentimientos. Se trata de una realidad irrefutable. Latente en este mundo cada segundo que marca el reloj.
Y estoy dispuesto a discutirlo con cualquier persona, en cualquier escenario.
En más de una ocasión he visto y escuchado a gente que admiro tanto. Líderes muy respetados. Grandes intelectuales. Buenos amigos. Todos dicen que en una relación de pareja hay que darle la razón a la otra persona las veces que sean necesarias para preservar la paz del hogar.
Hace poco escuché a un psicólogo de alto nivel y popularidad decir que es preferible entregar la razón y ser feliz junto a tu pareja, que tener la razón y perder a tu pareja.
Honestamente, no digo que este planteamiento sea necesariamente un error. Porque no soy quién para juzgar.
Pero lo que sí digo es que el autor y el título del libro que te mencioné anteriormente constituyen una realidad totalmente incuestionable.
Las personas mienten todo el tiempo. Y a veces inconscientemente. Sin importar si son religiosas o no.
Si la mentira adapta lo social, ¿qué pasa con lo moral?
Sin mentiras el mundo no funciona. Sobre todo en tiempos de los fake news y la posverdad.
Todo el mundo opina las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Hoy lees un artículo en una plataforma importante que te dice que comer huevo es malo para tu salud. Y mañana lees otro que no solo te dice que comer huevo es bueno, sino que es uno de los mejores superalimentos del mundo.
Esto pasa con absolutamente todo y a cada segundo. La sobreinformación y la desinformación son espantosas. No sabes qué es verdad y qué no lo es.
Recuerdo que hace casi dos décadas escuchaba al gran intelectual español Eduardo Punset decir que "al cerebro no le interesa una historia verdadera, sino una historia repetida".
El cerebro no sabe discernir si lo que le dices es verdad o es mentira. Solo entiende que algo se repite tanto que se convierte en verdad. Por eso las grandes marcas venden mogollón. Y por eso la música que más se pauta es la más exitosa y famosa, aunque sea una basura. Independientemente de que ésta sea subjetiva.
En el campo de la abogacía hay un principio fundamental que establece la irretroactividad de la ley. Una concepción hasta lógica si se quiere. Tal y como expresa el artículo 110 de la Carta Magna dominicana. La ley no te podrá cambiar las reglas del juego si tus acciones anteceden la promulgación de la misma.
Pero en el ámbito social y espiritual, la ley moral obedece a otros parámetros.
Lo que está bien está bien. Y lo que está mal está mal. Porque el termómetro de medición social aquí no lo establece una ley orgánica, sino una norma moral sustentada en valores.
Una ley se promulga en Palacio a través del Ejecutivo. Y se aprueba en el Hemiciclo mediante el Legislativo. Sin embargo, las leyes morales, en esencia, se aprueban en la Patria Celestial.
Aquí, el principio de retroactividad nos indica que la ley siempre existió y que no varía. El perdón nos es otorgado, pero esto de ninguna manera constituye una licencia para fallar.
En Jesucristo no hay una palabra hoy y otra diferente luego. Él no se doblega, ni es bipolar. Él es una persona de palabra y cumple sus promesas con seriedad.
Ten eso tan presente como tu respiración siempre. Y recuerda que Él anhela que sigamos sus pasos. O al menos, que lo intentemos, porque Él escudriña el corazón.
Al final, una mentira nunca valdrá más que la verdad. Porque la Verdad tiene nombre.
Jesús le dijo: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí".
Juan 14:6
- Mario H.
(Escuela de Pensamiento Intelectual "EPI" y Revolución Mental Urgente)
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