ALFREDO MILLER

MARIO H.

2/28/20266 min read

Visitar la isla del terror cada verano por los chicos de las diferentes escuelas de todo el mundo ya era una costumbre. Según ellos, la mejor parte del campamento del terror era ir al “Museo de los Huesos Secos Miller”. El mes de junio del año 2,100 se celebraría una de las famosas excursiones y el anciano Pablo Miller estaba listo para hablar acerca de todas y cada una de las obras que se exponían en el museo. El anciano Pablo Miller era tuerto, contaba con pocos dientes y los que aún le quedaban no estaban en muy buen estado. Andaba con un palo como bastón, su ropaje era muy anticuado y siempre mantenía su sonrisa de medio lado, además su voz era ronca y muy peculiar. Luego de que los chicos habían disfrutado de casi todas las obras del Museo de los Huesos Secos Miller, el anciano Pablo les mostraría la última de las obras y la más interesante de todas. En el marco de cristal más grande de todo el museo se exponían unos huesos en muy mal estado y llenos de polvo con una carta al lado, esta obra tenía como nombre: ALFREDO MILLER. El anciano pablo Miller les dijo a los chicos que Alfredo Miller era su tío y que la familia Miller era famosa por ser la más inteligente de toda la historia en la isla. De pronto, uno de los chicos preguntó: - ¿Podríamos conocer la historia de su tío? Y el anciano Pablo no dudó en contestar que sí. El anciano Pablo les dijo: Hoy en día éstos son simples paseos que se realizan con el fin de obtener diversión en la isla del terror, pues desde hace muchos años se hacen campamentos en esta isla, pero la única diferencia es que antes esto era verdaderamente espeluznante. El campamento consistía en que las personas debían pasar por muchísimas pruebas que se les ponían para medir su capacidad de resistencia ante lo terrorífico y lo malvado. Al final de varios meses, si las personas lograban superar todas las pruebas, éstas le entregaban una carta a su capitán demostrando su honor. La carta era la señal del triunfo, pero la gran mayoría de las personas solía abandonar el campamento, porque no soportaban las pruebas que allí habían, de modo chicos que toda la historia de Alfredo Miller comenzó así:

- “Juro por los huesos de mi madre y por la memoria de mi hija que te arrepentirás de haber ingresado al campamento del terror. Jamás nadie ha soportado esto novato. Pasarás por las pruebas más grandes que hayas podido imaginar, incluso tu vida privada será interferida y sentirás que te vuelves completamente loco”. Éstas fueron las palabras del capitán Pancho, mientras que la respuesta de Alfredo Miller fue: - “Sólo un completo idiota juraría por unos huesos secos y por la memoria de su hija. Te aseguro que nunca me rendiré Pancho”. - “¡Cómo te atreves a llamar huesos secos a mi difunta madre maldito imbécil y como si fuera poco llamarme idiota! Además, nadie me dice Pancho, todos me llaman SEÑOR”. - “En el único sitio que te diré SEÑOR será en la carta que te daré al final de este campamento Pancho, además te demostraré que has jurado por unos simples huesos secos y mi nombre será recordado para siempre por habértelo demostrado”. - “Juro que te destruiré Alfredo”.
La hija del capitán Pancho había desaparecido cuando tenía 4 años de edad y jamás supieron de ella. El primer día de Alfredo Miller no fue nada fácil en aquel campamento. Dormir en una cueva con los ojos tapados y escuchar serpientes toda la noche lo aterrorizaba en gran manera, pero sabía que debía ser fuerte. Tan pronto como amaneció él y los demás compañeros se enfrentaron a un tigre de bengala que si no fuera por el trabajo en equipo hubiese habido serios problemas. A las cinco de la tarde todos se preparaban para degustar su espléndido bufet (Los cocos nuevos que lograban tumbar de los árboles), Un día el capitán Pancho les dejó una canasta con unos hermosos panes horneados y grandes que aparentemente estaban suculentos. Uno de los hombres se apresuró y descargó la furia de su hambre con una gran mordida sobre uno de los panes, pero fue tarde cuando se dio cuenta de que su boca estaba repleta de gusanos asquerosos. Hasta ese día estuvieron algunos hombres presentes en el campamento.

Una noche mientras Alfredo entró a su casa de campaña para descansar un poco, vio una fotografía que le había dejado el capitán Pancho con su esposa Ana, pero Alfredo no se preocupó y simplemente se durmió. Al día siguiente le dijo al capitán: - “Ya veo que se divirtió mucho con mi mujer Pancho”. - “Jajajaja, no te preocupes Alfredo, solo nos tomamos un café y te dije que no me llames Pancho, pues todos me llaman SEÑOR”.

La tarea más común en el campamento era la exhumación de cadáveres y el hecho de dormir con ellos en las casas de campaña, pero ya sólo quedaba Alfredo en el campamento, pues todos los hombres habían abandonado aquellas pruebas. Al cabo de algunos meses Alfredo se había enterado de que el capitán estaba saliendo con su esposa Ana (La cual era muy joven), y que se había enamorado mucho de ella, pero Alfredo no lucía muy preocupado al respecto. El capitán Pancho y Ana comenzaron a convivir juntos. Uno de los peores días de Alfredo Miller fue el día en que éste perdió un ojo y algunos de sus dientes con una roca en el río luego de que se resbalara tratando de pasar uno de los obstáculos de la competencia, pero aun así éste no abandonó.

Después que terminó la competencia Alfredo Miller se vistió con un traje muy elegante y fue hacia el campamento del terror con la carta de honor que había escrito para entregársela al capitán Pancho. É
ste recibió la carta y le dijo las siguientes palabras a Alfredo: - “Admiro mucho tu valentía y tu honor, realmente has pasado todas las pruebas del campamento Alfredo, pero debo decirte que ahora vivo con tu esposa Ana y ella es la mujer que amo. Te dije bien claro que te destruiría, pues nadie sale ileso del campamento del terror”, a lo que Alfredo contestó: - “En este campamento dejé mi vida e incluso uno de mis ojos. Sobre esta tierra reposa mi honor Pancho”, - “Nadie me llama Pancho idiota, todos me llaman SEÑOR”, - “Te dije que en el único lugar que te diría SEÑOR sería en esta carta, hasta luego.” Cuando el capitán Pancho llegó a su hogar se asustó en gran manera, porque vio el cadáver de su madre muy deteriorado sobre la mesa y una carta que le había dejado Ana, la misma decía: - “Mi alma se ha abatido al saber que tú y yo compartimos una misma cama, ahora no puedo verte ni siquiera de frente a la cara. Un desgraciado me pagó mucho dinero para que estuviera contigo y me dijo que fingiera ser su esposa, pero fue hasta hace poco que descubrí algo que él mismo me dijo Pancho. ¡Soy tu hija!”. El capitán se tiró al suelo con la cara cubierta de lágrimas y recordando las primeras palabras de Alfredo en aquel campamento, estaba destrozado y sólo veía el cadáver de su madre sobre la mesa de la sala en su hogar.

Los chicos asombrados le dijeron al anciano Pablo: “¡Waooo! Qué gran historia”, y rápidamente uno de ellos preguntó: -Quisiera saber ¿Qué decía la carta que le dejó Alfredo al capitán? El anciano contestó: - “Ésta es la misma carta que está al lado de los huesos que ven dentro del cristal. Es el pasaje bíblico de Ezequiel capítulo 37 y versículo 2 de la Nueva Traducción Viviente que dice: ‘El SEÑOR me condujo por entre los huesos que cubrían el fondo del valle. Estaban desparramados en el suelo por todas partes y completamente secos.’”. Otro chico preguntó: - Pero ¿Está seguro de que Alfredo Miller era su tío? Y El anciano Pablo sólo rió a carcajadas, como en una obra de teatro, con una cara muy sabia, entre truenos y relámpagos y unos ojos que escalofriaban a todos los chicos en aquel famoso Museo de los Huesos Secos Miller.

Mario E. Hidalgo J.